La Provincia
Farsa escolar

Claudio Vidal hace campaña con las escuelas rotas y la educación en ruinas

Mientras Vidal ignora la crisis educativa provincial, hay un intendente que se mete donde no debe y financia con plata ajena un plan inútil que ya fracasó antes. (Foto: CHATGPT-IA)

La educación en Santa Cruz está patas para arriba y la culpa la tiene clarita: Claudio Vidal y su gobierno de gestión inexistente. Prometió 180 días de clases y en cambio dejó que las escuelas se congelen, se caigan a pedazos y falten maestros.

Pero claro, cuando la realidad cruje, aparece Pablo Grasso, el intendente de Río Gallegos, con un plancito populista que es tan ilegal como absurdo: meterle plata municipal a escuelas provinciales que ni le corresponden, solo para sacarse fotos y hacer campaña.

Grasso anunció a bombo y platillo un “Plan de financiamiento para 24 escuelas” con 60 millones de pesos, que supuestamente repartiría entre colegios provinciales y privados.

¿El objetivo? Que los pibes respondan un cuestionario para decir que aman Río Gallegos y así meter la cola política para 2027. ¿Quién se cree que es? ¿Un salvador? No. Solo un demagogo que se roba recursos públicos para limpiar su imagen y usar a los chicos como carne de cañón electoral.

Lo peor es que ni siquiera puede hacer eso. Las escuelas son provinciales, y ni Vidal ni Grasso se pusieron de acuerdo. La titular del Consejo Provincial de Educación, Iris Rasguido, le bajó el pulgar al plan y avisó que está prohibido que las escuelas reciban fondos de terceros sin autorización.

¿Y Grasso? Se borró. Después del anuncio fanfarrón el 20 de junio, el “Yo amo Río Gallegos” desapareció del radar, ningún medio afín volvió a tocar el tema y el proyecto fue a parar a la basura, como era obvio.

Pero este no es un caso aislado. Grasso ya tiene experiencia en hacer política con el dinero ajeno y los aparatos públicos. De 2016 a 2019, cuando era presidente del IDUV, usó obras municipales para mostrarse y sacarse fotos entre calles rotas que nunca arregló.

Su maestro, Roberto Giubetich, le dejó claro cómo funciona esto: “El asfalto hay que tirarlo el último año o meses antes de las elecciones porque la gente se olvida rápido”. Así, Grasso vive haciendo campañas disfrazadas de gestión, con contratos sospechosos y amigos bien cebados con el presupuesto.

Mientras tanto, Claudio Vidal, que se la pasa criticando a la gestión kirchnerista, no hace nada para solucionar la emergencia educativa y solo acumula mentiras. Pintar escuelas con rodillo en enero no tapa la realidad de un sistema colapsado y docentes mal pagos que se van.

La dupla Vidal-Grasso no solo fracasa, sino que se burla de la gente, utiliza recursos públicos para sus negocios políticos y destruye el futuro de miles de pibes en Santa Cruz.

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