Política
En tensión

Vidal recurre al “plan de emergencia” para evadir responsabilidad y encubrir su frágil gestión

Claudio Vidal promueve decretos y candidaturas internas mientras la provincia enfrenta crisis energética, despidos y escándalos de corrupción (Foto: ChatGPT-IA).

El gobernador Claudio Vidal encara su primera elección como mandatario apelando a un artificio político: el nombramiento de su jefe de Gabinete, José Daniel Álvarez, como candidato y la promulgación de un decreto que asegura la continuidad del gobierno aun con cambios en el gabinete —una maniobra poco transparente que busca blindar su gestión ante el desgaste público.

Desde que Vidal tomó las riendas en 2023, la provincia está sacudida por varias crisis: la salida de YPF del mapa santacruceño, el frenazo en la obra de represas que golpeó el empleo, y el debilitamiento de los yacimientos de carbón en Río Turbio. Ante este panorama, Vidal busca superar sus “malos tragos” políticos aprovechando un decreto que permite a sus funcionarios candidatos ser reemplazados sin afectar la gestión.

Mientras oculta su debilidad política, Vidal arrastra escándalos que lo comprometen. Su jefe de bloque, Fernando Españón, enfrenta dos denuncias por abuso, y otro de sus hombres fuertes, vinculada a la Fundación Hogar Valdocco, fue rechazada por la Justicia, generando tensión interna y cuestionamiento público en el peronismo local.

En febrero de este año, Vidal consiguió que la Legislatura sancionara por unanimidad una ley de “Emergencia Hidrocarburífera”, que le otorga amplio poder para intervenir en el sector y promover incentivos fiscales a cambio de inversión productiva. Aunque esto podría leerse como una respuesta a la urgencia, también puede ser visto como otro atajo para evitar un debate real sobre la diversificación económica y la defensa del trabajo local.

En lugar de enfrentar los problemas estructurales que atraviesa Santa Cruz, Vidal apuesta a decretos electorales y nombramientos funcionales para preservar su poder. Una estrategia que oculta no buenas intenciones, sino miedo a enfrentar el descontento social y asumir las consecuencias de su gestión.

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